Por Marcela Mansilla
La Ferretería La Gata, ahí por primera vez compré un clavo para mi hogar recién adquirido. Me atendió don Omar un ferretero de esos que ya no existen.
Su pasión por el oficio y su dedicación a ayudar a todos los que cruzaban la puerta de su tienda nunca serán olvidadas, y que ojalá aprendamos. Siempre recordaré las charlas sobre herramientas, sus consejos precisos y esa sonrisa con la que atendía a cada cliente.
Gracias por ser una fuente de inspiración y por compartir sus conocimientos. Aunque lo extrañaremos, sabemos que vivirá en nuestros recuerdos y en cada clavo que clavamos.
Hasta siempre, don Omar. Que encuentre paz y alegría en el camino que emprende
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